30/3/14

Todo por "el qué dirán"...

Esta misma mañana, mientras me preparaba para pasear al perro, me puse unas zapatillas que puede que no estuviesen en su mejor momento (pero tampoco estaban destrozadas, todo sea dicho). En ese instante, entran en mi habitación diciendo que si no tengo unas zapatillas más nuevas, que qué pensarían mis compañeros de clase.

Esto me hizo reflexionar: ¿por qué tenemos (o tienen, porque tampoco es mi caso) tanto miedo a las opiniones ajenas? ¿Tan baja es nuestra autoestima que necesitamos la aprobación de los demás para sentirnos bien con nosotros mismos?

Lo cierto es que, si por algo se caracteriza gran parte de la sociedad española (puede que otras también, pero lo ignoro por completo), es por esa enferma necesidad de aparentar un estatus socioeconómico determinado, aunque no se corresponda con la realidad. «No tengo para comer, ¡mira qué Ferrari me he comprado!», «La hipoteca nos está agobiando, ¿pero has visto qué vestido tan bonito que me compré ayer?», y etcétera, son ejemplos de esta tendencia a intentar ser quienes no somos, de aspirar a ser más a ojos de los otros.

Sin embargo, esto no es reciente, sino que viene de muchos años (y siglos) atrás. Ya en el siglo XVI (el otro día), la gente intentaba aparentar ser de una clase social más alta, por el tema de la honra, que no era otra cosa que la opinión y la fama que se tenía a ojos del resto. Esta tendencia ya se reflejó en la literatura: en el Lazarillo de Tormes, el tercer amo de Lázaro, el escudero, tiene esta "manía" (por calificarlo de una manera). Él va vestido de la misma manera que los hidalgos (las capas más bajas de la nobleza), y por eso Lázaro se pensó que por fin encontraba a alguien con dinero, pero qué sorpresa se llevó al ver que este no tenía nada que llevarse a la boca, y que esas ropas solo eran una fachada. Lo peor es que Lázaro aprende de esta conducta, y lo primero que hace cuando tiene un poco de dinero ahorrado es comprarse ropas más adecuadas, y una espada. Por tanto, si aprendió esos comportamientos de su amo, ¿no lo harían de similar modo las personas que vivían en la España de 1559, año de publicación de la obra?

En conclusión, que esta forma de pensar se ha quedado muy arraigada en la mentalidad del español de a pie, tanto que es difícil saber si algún día ese comportamiento tan obsesivo de aparentar a ojos de los demás será erradicado. Por suerte, a muchos nos importa bien poco la opinión que tengan los demás de nosotros, más aún si esas personas son completas desconocidas con las cuales no hemos cruzado una palabra en toda la vida. Aunque será mejor que deje de escribir ya, no sea que me tomen por un criticón y un quejica, ¿no?

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